Entre 1500 y 1600, Europa Occidental, China, Japón y el Imperio otomano tenían niveles de desarrollo y capacidad estatal relativamente comparables. La brecha se abre entre 1700 y 1850, cuando Europa combina expansión colonial y esclavista con una fuerte expansión fiscal y militar.

La gran divergencia no se explica por una supuesta superioridad institucional “liberal” precoz de Europa, sino por:

  1. El uso extensivo del colonialismo y la esclavitud para romper límites ecológicos y abastecer su industrialización. → ver colonialismo como escape ecológico
  2. El aumento diferencial de la capacidad militar de los estados europeos, impulsado por su competencia interna. → ver competencia europea y capacidad militar
  3. La divergencia fiscal como núcleo del despegue. → ver la divergencia fiscal

Límites del argumento

China y el Imperio otomano también tenían guerras, pero de distinto tipo. Lo clave no es que Europa guerreara más, sino su fragmentación política: muchos estados soberanos, ninguno dominante, crearon una presión darwiniana constante — el que no innovaba fiscalmente o militarmente desaparecía. Esa presión no existía igual en imperios unificados como China o el Imperio otomano.

El argumento es parcial: la fragmentación europea también fue enormemente costosa y violenta — no es un modelo a celebrar. Otras lecturas apuntan al rol de la Iglesia católica y otras instituciones europeas. Por desarrollar.

La guerra permanente también impulsa deuda pública y finanzas coloniales — el andamiaje del capitalismo industrial moderno. El colonialismo y la esclavitud son también una expresión de la propiedad como relación de poder — poseer territorios y personas como fuente de ingresos y dominación. El proteccionismo y la coerción militar que sostienen este sistema se desarrollan en detalle en proteccionismo, coerción y centro-periferia.

Fuente: Thomas Piketty — Una breve historia de la igualdad (2021), Capítulo 3