Entre 1500 y 1800, los estados europeos viven en guerra casi permanente entre sí. A diferencia de China o el Imperio otomano — imperios unificados con menor presión de competencia interna — Europa estaba fragmentada en múltiples estados soberanos, ninguno dominante. Esa fragmentación creó una presión darwiniana: el que no innovaba desaparecía.
Esa rivalidad impulsa tres desarrollos clave:
- Burocracias fiscales más eficaces.
- Endeudamiento público masivo para financiar guerras.
- Innovaciones militares, navales y financieras.
El resultado es una brecha militar que se vuelve visible en los datos:
- c. 1550: el Imperio otomano y los reinos europeos tienen fuerzas similares (~140 000 hombres).
- 1780: otomanos ≈150 000; Francia + Inglaterra ≈450 000, con mejor flota y artillería, más Austria y Prusia como nuevas potencias.
Fuente: Thomas Piketty — Una breve historia de la igualdad