La marcha hacia la igualdad es un proceso cultural y político, no natural ni automático. Entre 1780 y 2020 se observa una tendencia de largo plazo a la reducción de desigualdades, pero llena de altibajos.
Lo que impulsa el avance
Luchas, crisis y guerras funcionan como disparadores — momentos en los que se cuestionan las instituciones y los esquemas económicos y políticos existentes. Pero un hito es solo un evento. Sin conciencia histórica, las sociedades pueden repetir errores o empeorarlos.
Lo decisivo no es el conflicto en sí, sino las instituciones que se construyen después — o que no se construyen.
Ejemplo: Europa occidental post-1945 construyó educación gratuita, seguridad social e impuesto progresivo alto. La desigualdad bajó 30 años consecutivos. México post-Revolución de 1910 tuvo el hito pero las instituciones fueron capturadas por una élite nueva. Cambio de actores, no de sistema.
Piketty insiste en que avanzar exige combatir tres enemigos: la amnesia histórica, el nacionalismo intelectual y el cloisonnement des savoirs (los compartimentos estancos del conocimiento).
Cómo medir si avanzamos
Los indicadores deben ser multifacéticos:
- Igualdad jurídica — fin de privilegios legales, igualdad ante la ley
- Igualdad política — sufragio universal, participación ciudadana real
- Igualdad económica — impuestos progresivos, seguridad social, necesidades básicas garantizadas
- Igualdad de reconocimiento — lucha contra racismo, sexismo, dominación colonial
Límites actuales
- Una ideología dominante que presenta el orden actual como natural o inevitable → ver el mito del mercado
- La economía tradicional que invisibiliza las relaciones de poder y las desigualdades estructurales
- Una cultura capitalista centrada en el “consumidor soberano” que oculta los conflictos de clase y las asimetrías de propiedad
Fuente: Thomas Piketty — Una breve historia de la igualdad (2021), Introducción